Historia de Avilés

         Muy pocos son los restos prehistóricos hallados en Avilés o sus alrededores, pero suficientes para determinar un cierto asentamiento en la zona. Se conoce su existencia desde el año 905 aunque ya existía un pequeño núcleo durante el asentamiento romano con escasos restos, tégulas y algunas monedas.

         Durante el periodo medieval la Villa, como asentamiento urbano se consolida plenamente, siendo la Villa más importante del litoral Cantábrico.

         Don Alfonso VI le otorga su FUERO en el año 1085, que posteriormente sería confirmado por su nieto Don Alfonso VII, en el año 1155, documento de relevante importancia, que hoy en día se conservan en el Archivo Municipal.

         En 1199 Alfonso VIII concede a la iglesia de Oviedo la tercera parte de Avilés y derechos portuarios, ello origina no pocos roces entre ambas poblaciones hasta el reinado de los Reyes Católicos, tres siglos después.

         El Rey Don Sancho IV en 1290 incorpora nuevas confirmaciones, lo cual se sucede hasta Felipe II. En 1309 Fernando IV adjudica por Alfoz a Avilés, los territorios vecinos de Carreño, Castrillón, Corvera, Gozón e Illas.

         Fuertes murallas defensivas rodeaban la Villa, lo que acentúa su importancia estratégica, comercial y de realengo; las murallas perduran hasta 1818.

         El 15 de enero de 1479 los Reyes Católicos conceden el mercado franco los lunes del año, mercado que aún se sigue celebrando.

         Fue el puerto más importante del Cantábrico al otorgarle el Rey Alfonso IX, el almacén o Alfolí de la sal.

         La importancia de la Villa como centro naval queda confirmada por la construcción de Naos con madera de los cercanos carbayedos y por la participación de marinos.

         Ciudad portuaria, está situada en la margen izquierda de la Ría a la que da nombre, y siendo uno de los puntos de partida hacia el nuevo continente.

         Dada la condición de su ría como puerto natural y al abrigo y protección de los temporales, Avilés no escapa a los ataques de los corsarios y piratas, que durante largos periodos de tiempo asaltaron sus costas.

         En 1809 es ocupada la Villa por tropas napoleónicas, permaneciendo en ella durante dos años.

         De la nobleza de sus gentes y de la pericia de sus marinos, destacan nombres como Rui Pérez. La participación de las gentes de la comarca en la conquista de la actual Sevilla, queda reflejada en el ESCUDO de la Villa.

         No menos importante es la figura de Don Pedro Menéndez de Avilés, Adelantado de la Florida, Capitán General de la Armada de su Majestad Don Felipe II, fundador de la primera ciudad de los actuales Estados Unidos de América, San Agustín, en el año 1565.

         Entre otros muchos personajes Ilustres destacan Don Pedro Rodríguez de Avilés; Los Alas, que se distinguieron en la Reconquista y Don Pedro Lucuce de Ponte. De igual manera pintores como Don Juan Carreño Miranda, pintor del Rey Don Carlos II, o el dramaturgo y poeta Bances Candamo o los escritores Juan Ochoa y Ana del Valle.

         Como muchas otras ciudades del territorio peninsular, no podían faltar los conventos y monasterios en donde surgen personajes como Don Pedro Solís, protonotario del Papa español Alejandro VI, Fray Valentín Morán Procurador de la Orden de La Merced y Obispo de Gran Canaria, Don Felipe González Abarca, Obispo de Ibiza y Santander y Don Juan de Llano-Ponte, Obispo de Oviedo.

         En el ámbito político Don Servando Ruiz-Gómez, Ministro de Hacienda y Estado, Don Estanislao Suárez Inclán, Ministro de Hacienda y Ultramar; el Marqués de Teverga, Ministro de Gracia y Justicia y Don José Manuel Pedregal, Ministro de Hacienda.

         Por todo este pasado, hoy en día no es difícil encontrar que muchas de las calles de esta Villa lleven dichos nombres.

         En nuestro camino por las calles de Avilés, no podemos dejar de visitar algunas de ellas, como la de Rivero, Galiana, La Ferrería o Bances Candamo, donde aún se conserva el sabor tradicional de la antigua Villa con sus soportales y diferentes empedrados orientados estos últimos al uso con madreñas.

         La industrialización llega a comienzos del siglo XIX, destacando la dársena de San Juan de Nieva, y las industrias de la Vidriera, La Curtidora y Los Telares.

         El cambio radical para Avilés se produce hacia 1950 con la llegada de la antigua factoría de ENSIDESA, Cristalería Española y ENDASA, que convierten a Avilés en uno de los primeros centros fabriles de España.